Aunque mucha gente tiende a pensar que cuanto más angular sea un objetivo más cosas entrarán en la fotografía, la verdadera “fuerza” de este tipo de ópticas es su capacidad de exagerar las diferencias entre los conceptos de “cerca” y “lejos” (olvidaos hoy por un rato de las lecciones que Coco nos enseñaba en Barrio Sésamo
).
Una fotografía de paisaje realizada con un gran angular sin tener algún elemento cercano suele ser, por lo general, bastante sosa. Además, en ese caso gran parte de la imagen va a quedar vacía (más cuanto más angular sea el objetivo) porque al entrar tantas cosas en la fotografía, muchas veces no vamos a saber con qué rellenarla. Tenéis un ejemplo en la siguiente imagen que he captado expresamente para aclarar el concepto de “fotografía de paisaje sosa”
Ejemplo de fotografía realizada con un angular que no dice absolutamente nada (y qué mal queda tener el horizonte en medio, ¿verdad?)
La gracia de las ópticas angulares es la perspectiva que nos dan y lo lejos que aparenta estar el fondo con respecto a lo que hay en primer plano. Además, no hay que olvidar que gracias a la técnica de la distancia hiperfocal vamos a poder tenerlo todo enfocado incluso aunque haya bastante distancia entre el primer plano y el fondo.
De cualquier modo, me gustaría aprovechar para comentar que un angular no es la óptica ideal para retratos, pues además de que por sus características va a mostar unos rasgos faciales algo alargados en imágenes captadas muy de cerca, no va a ser capaz de aislar el motivo principal del fondo como haría un objetivo de distancia focal algo más larga.
Pues bien, la próxima vez que hagáis una fotografía de paisaje con un angular, probad a meter algo en primer plano; algo que sitúe al espectador en un lugar real y no en medio del vacío. Si os fijáis en la siguiente imagen, podréis observar que la simple barandilla que aparece en primer plano nos hace sentir parte de la escena en lugar de mostrarnos un paisaje sin más.
Ese es el aspecto que más me gusta de los grandes angulares: que son capaces de hacernos sentir en medio de la historia que narra la fotografía. Y si a día de hoy no me he hecho con un 10-20 o algo así es porque cuestan una pasta (ninguno baja de los 500 ó 550 euros) y no está la economía como para andar haciendo gastos superfluos. De todos modos, si las imágenes que ilustran esta entrada han sido tomadas con un objetivo de 18mm en sensor DX, imaginaos lo que debe ser rebajar esa distancia focal casi a la mitad…
Otro día hablaremos de los teleobjetivos, que realizan justo el efecto contrario a los angulares y también son bastante interesantes















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