IX
Simulacro
La delimitación de mi proceso creativo en las categorías inmanente, trascendente, remanente e intrascendente es el primer paso, el hilo conductor, no para la creación en si, se puede crear sin este marco de una manera más inmediata, sino para construir un documento que relate el proceso, para construir una bitácora.
Sin embargo hay un componente esencial para la documentación del proceso como de los objetos realizados; la representación, captura de datos, etc. La bitácora, como documento a posteriori del proceso artístico es meramente un simulacro, un representamén de lo que sucedió, una ficción, una máquina que articula los elementos dispersos del proceso en un todo orgánico. Es una labor de edición, de reconstrucción, de justificación y análisis.
Esta es una de mis nuevas piezas, inspiradas en el tema de la alegoría. Se titula "Ruina del presente" 2010 Emiliano Ortega.
En un proceso artístico la dimensión inmanente es efímera, solo dura en tanto se la realiza. Para poder integrarla en un relato posterior es necesario capturarla de alguna manera: Foto, video, o la pieza misma como huella y remanente de la acción, pero estas traducciones siempre son un simulacro, cada una de ellas hace que el acto inmanente del artista se transforme en otra cosa. Ahora bien, la necesidad de crear un documento con esta información, como es la bitácora, que actúa como causa final, de alguna manera inserta una dimensión falaz que impide la pureza de un acto inmanente en si.
Ruina del presente. Emiliano Ortega. Libros, televisión y calavera de azucar. 2010. Esta foto ya es un simulacro digitalizado.
Para superar esta contradicción de manera efectiva es necesario simular, representar, estetizar el mismo proceso creativo. Lo que dota a la mente del artista de un sentido trascendente del proceso mismo. Es necesario usar el pensamiento complejo para poder elaborar una práctica sistemática que en si misma contenga direcciones contradictorias, opuestas, e incluso aporéticas.
Mi sistema cuaternario, basado tanto en el cuadrado de Greimas como en las tétradas de McLuhan, no pretende aislar cada uno de estos elementos sino para analizarles, siendo que frecuentemente en el proceso de la creación se encuentran entremezclados sin orden alguno. No pretendo elaborar una teoría del proceso, sino tan solo una serie de categorías hipotéticas de trabajo que delimiten los territorios necesarios para la creación de una bitácora. Al no tener una metodología a la mano no he tenido más remedio que crear la propia. El quinto elemento en esta ecuación, que actúa como un eje central invisible es el de simulacro.
Simulacro: 1-Accion que se realiza imitando un suceso real, para tomar las medidas necesarias de seguridad en cas de que ocurra realmente. 2-Copia hecha a semejanza de una cosa o una persona. 3-Especie que forma la fantasía.
Etim. La palabra simulacro se toma como una falsificación. la raíz latina de simulacro (simulacrum) significaba representación figurada de algo; imagen, retrato, estatua, o incluso los maniquíes de mimbre en los cuales se encerraban a hombres para ser quemados vivos en honor de los dioses.
En mi trabajo hay dos espacios de simulación necesarios, uno es este, el de la bitácora como texto, el otro es el taller, convertido por las necesidades de la estetización en escenario.
El texto de la bitácora es un simulacro, no es el proceso artístico en si, ni su descripción puntual, es una copia, semejante sólo por que se basa en la misma imaginería, es una fantasía o descripción imaginaria de los hechos, una falsificación por que toda justificación teórica de las artes visuales es falsa,- el arte debe atrapar por los sentidos-, por ser una representación lingüística de un hecho puramente visual, una traducción, y como toda traducción, imperfecta, en cambio, como mecanismo diegético (opuesto a la mímesis) de narración y rememoración. La bitácora es un instrumento perfecto para contar las acciones y motivaciones que me impulsan.
La necesidad de representar y documentar el proceso de trabajo me ha llevado a conceptuar el taller como una escena. Esta idea necesariamente trae a juego elementos teatrales. El taller se ha convertido en un espacio donde no solo se construye y se hace, sino que también es el espacio donde se representa un acto estético ante la mirada del otro, que suelo ser yo mismo . Este concepto transforma profundamente la forma en la que se interioriza el acto estético; ya no sólo se hace un acto estético, sino que se representa, se le simula a la vez que se le produce. Simulo que hago, y al hacerlo simulo que simulo. Este juego de espejos me permite desasirme del momento y sus necesidades operativas, para establecer un punto de vista que organiza, en torno a la necesidad del registro, la acción misma.













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