La mesa de amasar se acondicionó para la instalación del alto mando, donde el Chef son su rodillo de mando en la mano y el asistente a su lado, se encontraban discutiendo las estrategias que se cocinaban para la confrontación inminente. Sobre un mantel de fiesta, las figuras de decoración de torta representaban los soldados, los convoys de vinagre y aceite, el transporte de tropas y el ají picante los lanzallamas. El escenario de la batalla se desplegaba frente a ellos.
A consecuencia del llamado a la movilización general, la harina, el arroz, especies y demás ingredientes ahora vitales, se encontraban bajo el control de comando instaurado para dirigir la contienda. La alacena de campo era sometida a la atenta vigilancia de un asistente de salsas, de cara patibularia y armado de un colador cónico.
El entrenamiento de la tropa incluía la carga a los sacos de harina, en preparación del encuentro cuerpo a cuerpo, el envío de señales en clave Morse y la formulación del rancho para aquellos destacados en el frente. Se evaluaron tres opciones diferentes del menú, uno de dieta, otro de alta actividad y otro vegetariano, con una serie de contornos para elegir. Cuánta razón tenía Napoleón respecto al estómago de los combatientes y su efecto triunfal en las campañas.
Conocido es que la guerra es una maestra severa, lo que obligó a incluir en la dotación de cada operador bélico, un recetario de comida rápida que les permitiera sobrevivir en caso de ser hechos prisioneros tras las líneas enemigas. La intención era prepararles dichas recetas a los enemigos y así minar su salud a niveles irreversibles.
Al igual que la batalla del Peloponeso, todo se inició con una escaramuza, que luego escaló a niveles globales. De no haber sido por una espumadera a la cual le echaron mano de manera simultánea las responsables de preparar las patatas fritas y el postre, no estaríamos ahora bajo el fuego cruzado que va desde la alacena hasta las marmitas.
De inmediato los respectivos jefes de cada una de las personas implicadas tomó parte, y de las amenazas se pasó a las agresiones verbales que pronto se hicieron físicas. Las armas comprendían todo el repertorio de herramientas del oficio y la pelea por el juego de cuchillos, pues fue a cuchillo.
Al final del primer día, no se conocía un ganador, razón por la cual no había monumentos erigidos en los lugares de los encuentros iniciales. Así escribió este cronista para la posteridad los detalles de esta conflagración extendida, sin par en el mundo culinario.
…continuará….
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