”…Le di el reloj a Alcestes, que comenzó a trabajar con la navaja. Yo tuve miedo de que me rompiera el reloj y le dije:
- Devuélveme el reloj.
Pero Alcestes no quiso, sacaba la lengua y trataba de abrir el reloj; entonces traté de quitarle el reloj a la fuerza, la navaja resbaló por el dedo de Alcestes, Alcestes gritó, el reloj se abrió y cayó al suelo a las nueve y diez. Seguían siendo las nueve y diez cuando llegué llorando a casa. El reloj ya no funcionaba. Mamá me cogió en brazos y me dijo que papá lo arreglaría.
Cuando papá llegó a comer, mamá le dio mi reloj. Papá dio vueltas al botoncito, me miró y después me dijo:
- Oye, Nicolás, este reloj no puede repararse. Pero eso no te impedirá divertirte con él, al contrario: ya no corre ningun riesgo y estará muy bonito en tu muñeca.
Tenía un aspecto muy satisfecho, y mamá también tenía aspecto satisfecho y yo me puse también contento.
Mi reloj marca ahora siempre las cuatro: ¡ es una buena hora, la hora de los bollos de chocolate y por la noche los números siguen brillando!
¡Realmente era un regalo fenómeno el regalo de la abuela!”
Sempé/Goscinny. (1960) Los mejores cuentos de El pequeño Nicolás.
Escuchando: Twentysomething – Jamie Cullum













Deja el primer comentario
Relaccionado con esto...
Deja tu comentario